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EL TABLERO DE AJEDREZ

En el micro universo representado por el juego de ajedrez podemos apreciar las distintas leyes de la lógica formal y la lógica dialéctica, que se desarrollan sobre un tablero de cuadros blancos y negros a través de la fuerza incontenible del poder creativo de la mente. Ya lo dijo el eminente filósofo Goethe "El ajedrez es la gimnasia de la mente".

Así como en el tablero de ajedrez la mente del hombre desarrolla infinitas ideas y se perfecciona bajo un reglamento y un entendimiento de la lógica utilizando la razón, en la vida real sucede lo mismo.

El tablero de ajedrez representa a nuestro mundo Tierra y es en él donde el ser humano viene a desarrollar sus infinitas ideas de progreso, armonía y fraternidad. Es allí donde se perfecciona constantemente a sí mismo, primero como ser individual y después como ser social bajo los reglamentos por él creados, en este caso las leyes comprendidas en la Constitución y en la práctica de las buenas costumbres, denominadas moral.

En el tablero encontramos cuadros blancos, que reflejan la luz y simbolizan el conocimiento, la superación, las virtudes y todo aquello que es bueno a los ojos del hombre. En igual número encontramos cuadros negros, con ausencia de luz, representando a la ignorancia, la superstición, el fanatismo y todos los vicios de la humanidad.

Esto nos lleva a pensar en las dualidades y en el cuidado que tiene que poner el hombre para que su mente no se distraiga y pueda manifestarse en las ideas que desarrollen las jugadas correctas para lograr la victoria en tan controvertido tablero. Como dijo el ex campeón mundial Emmanuel Lasker "El ajedrez es lucha", como la vida es trabajo.

Si razonamos un poco nos daremos cuenta que en nuestra vida actual encontramos las mismas dualidades representadas en el tablero de ajedrez, y que en el desarrollo de nuestra existencia debemos despertar nuestra capacidad para caminar entre cuadros blancos y negros y lograr así una vida armoniosa y productiva.

No debemos ser como el alfil de cuadros blancos, que sólo transita por los cuadros blancos y desconoce la otra mitad de su universo, creyendo que el creador del tablero sólo dio a luz cuadros blancos. Tampoco debemos ser como el alfil de cuadros negros, ya que sólo conoce la obscuridad de la mitad de su ámbito.

Si ambos alfiles pudieran comunicarse y entablar plática, se darían cuenta de que el creador dotó de cuadros negros y blancos al tablero de ajedrez, y que el criterio y la prudencia del hombre son los únicos que determinan la bondad o maldad de su aplicación. Pero no olvidemos que ambos provienen del mismo creador, por lo que la dualidad descansa en la unidad.

Así en la vida real tratemos de evitar el movimiento del rey o de la dama, ya que tienen el criterio y la prudencia para utilizar cualquier casilla, blanca o negra, y salen avantes porque reconocen que ambos cuadros proceden del mismo creador, a diferencia de los alfiles que creen que lo bueno lo creó Dios y lo malo el Demonio. Pobres ilusos, no se dan cuenta que en el tablero de ajedrez, como en el Universo, lo bueno y lo malo son el resultado de la actividad del hombre mismo, con sus aciertos y sus errores, en su eterno camino hacia el progreso y la fraternidad, en donde debe aprender a sacar bien del mal, y tomar del mal, el menos. El Universo entero fue creado por el mismo Padre Común, el Creador Universal, sin hacer diferencia entre blanco y negro, y como él es la Unidad, porque la substancia es una, y una es la Verdad, el demonio no existe sino en la imaginación de los supersticiosos.

Así como el creador de los cuadros blancos y negros del tablero de ajedrez no hizo diferencia entre ellos, sino un complemento, así todas las razas creadas por el Padre Común (negra, amarilla, blanca y cobriza) con todas sus creencias, no deben ser antagónicas sino complementarse entre sí para lograr la unidad de todos los hombres, pera vivir juntos en armonía en el Universo Solidarizado, para agrado de Dios, el Dios Amor, ya que todos somos sus hijos, y por eso nos debemos amor fraternal, socorro y verdad.

"Somos una familia"

Lic. Ricardo A. Balandrano de la Fuente (Q. E. P. D.)
Septiembre de 1988.

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